La línea de investigación en Ciudades Inteligentes estudia la ciudad como un ecosistema sociotécnico que integra datos, IoT, inteligencia artificial, sistemas de información, gobernanza y participación ciudadana para mejorar la calidad de vida y promover un desarrollo urbano sostenible, inclusivo y resiliente.
Helga Duarte Amaya
Una ciudad inteligente funciona más como un organismo vivo que como un simple conjunto de concreto y asfalto. Está conformada por un sistema, casi invisible, de sensores, datos en tiempo real y conectividad que le permite “sentir” lo que ocurre en sus calles y en su entorno y responder apropiadamente antes de que los problemas se salgan de control: un tráfico más fluido, una gestión precisa de residuos, un manejo consciente de la energía o respuestas eficientes frente a emergencias. No se trata solo de acumular tecnología, sino de saber usarla de manera óptima para que la ciudad gaste menos recursos, contamine menos y le devuelva tiempo de calidad a sus ciudadanos.
Desde una perspectiva funcional, una Smart City es una ciudad que utiliza tecnologías digitales, datos e innovación para mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos, optimizar la gestión de los servicios urbanos y promover un desarrollo sostenible, inclusivo, eficiente y resiliente. Sin embargo, las ciudades inteligentes son laboratorios vivos que evolucionan rápidamente: la ITU habla de ciudades centradas en las personas, innovación y co-creación; la ISO enfatiza la integración de sistemas físicos, digitales y humanos; y la OCDE plantea la necesidad de experimentar y adoptar enfoques colaborativos.
Teniendo en cuenta lo anterior, entendemos una Smart City como un ecosistema urbano inteligente, adaptativo y centrado en las personas, que integra datos, tecnologías emergentes, conocimiento y participación ciudadana para comprender dinámicamente el territorio, anticipar necesidades, descubrir oportunidades y co-crear nuevas formas de habitar, gestionar y transformar la ciudad, experimentando soluciones y transformando continuamente la manera en que se diseñan y prestan los servicios urbanos, y generando nuevas formas de bienestar, inclusión, sostenibilidad y valor público. El objetivo es avanzar hacia el paradigma de la ciudad como un sistema que aprende: que detecta patrones, aprende de ellos, anticipa escenarios y experimenta.
Redes de sensores urbanos, monitoreo en tiempo real, sistemas ciberfísicos e integración IoT–IA–Big Data como base para que la ciudad perciba su entorno.
Transporte público inteligente, gestión del tráfico, vehículos autónomos y conectados y movilidad sostenible.
Recolección e integración de datos, plataformas de datos urbanos, analítica predictiva e interoperabilidad y calidad de los datos.
IA para predicción y optimización, sistemas de apoyo a decisiones urbanas, IA generativa para servicios públicos e IA responsable, explicable y confiable.
Gobierno digital y gobierno abierto, participación ciudadana, toma de decisiones basada en datos y transparencia y políticas públicas.
Redes eléctricas inteligentes (smart grids), edificios inteligentes, alumbrado público inteligente y gestión inteligente de la infraestructura urbana.
Protección de datos personales, seguridad de infraestructuras críticas, vigilancia y privacidad, y sesgos algorítmicos y ética de la IA.
Inclusión digital y brecha digital, accesibilidad, salud, educación y seguridad, y participación y co-creación ciudadana.
Indicadores y KPIs de Smart City, modelos de madurez digital, evaluación del impacto social, económico y ambiental, y comparación entre ciudades.